
Por: Melissa Arce
"La ética hacker supone un reto para nuestra sociedad y para cada uno de nosotros. Es una relación general, apasionada con el trabajo que se está desarrollando en el seno de nuestra era de la información".
Hoy quiero recomendar un excelente libro escrito por el filósofo finlandés Pekka Himanen, titulado la ética del hacker y el espíritu de la era de la información. Debido a la extensión del mismo y a la variedad de temas analizados por el autor, quiero hacer referencia únicamente al primer capítulo cuyo contenido es el título de este blog.
Himanen, junto a Linus Torvalds y Manuel Castells, explora las cuestiones fundamentales sobre la vida en la sociedad de la información.
Justamente, una de esas cuestiones son las personas que se autodenominan hackers.
Pero antes de entrar en materia es obligatorio partir de la diferenciación entre un hacker y un cracker. El primero se dedica a programar de manera apasionada y cree que es un deber para él compartir la información y elaborar software gratuito. Es un experto o un entusiasta de cualquier tipo que puede dedicarse o no a la informática.
El último, es un usuario destructivo cuyo objetivo es el de crear virus e introducirse en otros sistemas.
Como bien lo menciona el libro, la ética hacker es una nueva moral que desafía la ética protestante del trabajo, tal como la expuso hace casi un siglo Max Weber en su obra clásica “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Según Weber, la ética del trabajo para el hacker se funda en el valor de la creatividad, y consiste en combinar la pasión con la libertad.
Dicha afirmación se puede complementar con la ley de linus, la cual establece que todas nuestras motivaciones se pueden agrupar en tres categorías básicas: supervivencia, vida social y entretenimiento. Y lo que es aún más importante, el progreso consiste en ir pasando de una categoría a la siguiente como fases de un proceso de evolución.
La primera fase, la supervivencia, salta a la vista. La prioridad de cualquier ser vivo es sobrevivir. En cuánto a las otras dos es fácil encontrar ejemplos de personas y de otros seres vivos que valoran sus vínculos sociales más que a sus vidas. En la literatura universal, Romeo y Julieta es el ejemplo clásico.
El entretenimiento constituye un fuerte impulso, por ejemplo, alguien, sin duda, preferiría morir que aburrirse por toda la eternidad.
Todo esto puede aplicarse sin lugar a dudas a los hackers. Para ellos, la supervivencia no es lo principal. Un hacker es una persona que ha dejado de utilizar su ordenador para sobrevivir y ha pasado a los dos estadios siguientes. Él, utliliza el ordenador para sus vínculos sociales: el correo electrónico e Internet son las grandes vías para acceder a una comunidad.
Pero para el hacker un ordenador es también entretenimiento. El mismo aparato es ya de por sí entretenimiento puro.
Los hackers programan porque para ellos los desafíos de la programación tienen un interés intrinseco. Los problemas relacionados con la programación despiertan una curiosidad genuina en el hacker y suscitan su deseo de continuar aprendiendo.
La actividad del hacker es también gozosa. Tim Berners-Lee, uno de los pioneros de la Red, describe cómo esta creación se inició con experimentos de enlace que denominaba “programas de juego”.
Eric Raymond, un conocido defensor de la cultura hacker señala en su guía que “hay quien aplica la actitud del hacker a otras cosas además del software, como la electrónica y la música; en realidad, cualquiera de las ciencias y de las artes muestra esta actitud en su máxima expresión”.
Contexto histórico
La expresión de uso familiar <<ética protestante del trabajo>> tiene su origen en el celebre ensayo de Max Weber la ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904-1905). Weber empieza describiendo de qué modo la noción de trabajo como deber se halla en el centro del espíritu capitalista surgido en el siglo XVII.
A diferencia de la ética hacker del trabajo, cuyo precedente se halla en la academia, para Weber el de la ética protestante se halla en el monasterio.
En el siglo VI, por ejemplo, la regla monástica de San Benito exigía a todos los monjes que consideraran un deber el trabajo asignado, y a los hermanos haraganes les alertaba de que "la inactividad es la enemiga del alma"
Weber sin embargo, hace luego hincapié en que, si bien el espíritu del capitalismo encontró en la ética protestante su justificación esencialmente religiosa, pronto llegaría a emanciparse de la religión y empezaría a actuar conforme a sus propias leyes.
La naturaleza radical del hackerismo consiste en su propuesta de un espírito alternativo para la sociedad red, un espíritu que finalmente cuestiona a la ética protestante. Y sólo en este sentido cabe afirmar que todos los hackers son realmente crakers: porque intentan romper el cerrojo de la jaula de acero.
Los hackers quieren cumplir sus pasiones y están dispuestos a admitir que ni siquiera el cumplimiento de las tareas que les resultan interesantes es siempre una rotunda bendición.
Este esfuerzo resulta necesario para crear cualquier cosa que sea un poco mejor. Si es preciso, los hackers están dispuestos también a realizar las partes menos interesantes que sean necesarias para la creación del todo. Sin embargo, la relevancia de ese todo hace que incluso sus aspectos más aburridos valgan la pena.
Himanen concluye el primer capítulo diciendo que hay una gran diferencia entre estar de forma permanente privado de goce y encontrar una pasión en la vida para cuya realización uno también asume aquellas partes sin duda menos gozosas pero no por ello, menos necesarias.


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